Divorcio tras las vacaciones: por qué septiembre dispara las separaciones y cómo evitarlo
Cuando pensamos en vacaciones, imaginamos desconexión, descanso y tiempo de calidad con nuestra pareja. Parecería el escenario perfecto para reforzar el vínculo. Pero los datos cuentan otra historia: el divorcio tras las vacaciones es una realidad mucho más frecuente de lo que imaginamos.
Según datos del Consejo General del Poder Judicial, el 36 por ciento de todos los divorcios del año en España se producen en septiembre, justo después de las vacaciones de verano. Si a eso le sumamos el 20 por ciento que llega tras las vacaciones de Navidad, nos encontramos con que más de la mitad de las separaciones se concentran después de los periodos vacacionales. ¿Por qué ocurre esto y, sobre todo, cómo podemos evitarlo? Vamos a verlo.
El dato que sorprende: el 56 por ciento de los divorcios y separaciones en España se producen tras las vacaciones (36 por ciento en septiembre y 20 por ciento tras Navidad). Los despachos de abogados lo confirman: las pilas de papeles de divorcio crecen justo después del verano y de las fiestas.
Por qué las vacaciones ponen a prueba a la pareja
Cuando una pareja está bien, las vacaciones son un desahogo: un momento para reconectar, pasar más tiempo juntos y reforzar el vínculo. El problema aparece cuando la pareja no está del todo bien y, de repente, pierde la rutina que la sostenía.
Durante el año nos vemos poco: cada uno con su trabajo, sus obligaciones, sus tiempos. Y llegan las vacaciones, en las que pasamos una o dos semanas las veinticuatro horas del día juntos. Es entonces cuando afloran todas esas pequeñas manías que no se han trabajado durante el año y a las que no dábamos importancia. «¿Desde cuándo haces tanto ruido al comer?», «¿desde cuándo te huelen tanto los pies?». El relax y la convivencia intensiva las sacan a la superficie.
Los principales factores de conflicto en vacaciones
El aumento de las infidelidades
En vacaciones todos nos relajamos, y eso incluye también las infidelidades, que suben de forma significativa. Es el «total, estoy de vacaciones», parecido al «ya me pondré a dieta en septiembre». El problema es que una infidelidad no se perdona tan fácilmente. Salvo que exista un pacto explícito (lo que sería una pareja abierta consensuada), hablamos de un engaño que rompe la confianza. Y la confianza, una vez rota, es muy difícil de restablecer.
La familia política
Veranear con suegros, cuñados y sobrinos puede ser maravilloso… durante un rato. Por bien que nos llevemos con la familia política, cada hogar tiene sus normas y sus bases, y la convivencia prolongada puede volverse complicada cuando se suma a la propia dinámica de pareja y de los hijos.
Los hijos y los estilos de crianza
Durante el año, muchas veces una persona lleva la mayor parte de la rutina de los niños. Llegan las vacaciones y se hace evidente que cada miembro de la pareja educa de forma distinta: uno dice que no y el otro que sí, uno marca la hora de acostarse y el otro la relaja «porque son vacaciones». Esas diferencias, que en el fondo son una falta de comunicación y de normas comunes, desgastan mucho la relación.
Organizar las vacaciones
Decidir el destino, las fechas, si lo organizamos todo o vamos por libre… también es fuente de conflicto. A veces ese «clic» de «¿qué hago yo viniendo todos los años al pueblo cuando lo que me gusta es la playa?» destapa diferencias que estaban ahí todo el tiempo.
El dinero
A la vuelta toca revisar los gastos. Si no ha habido una planificación económica previa, las cuentas pueden desbordarse: presupuestábamos 1.500 euros y nos hemos gastado 3.000. Ese descuadre suele abrir otra conversación incómoda sobre cómo administramos el dinero en común.
Las relaciones sexuales
Durante el año, uno de los dos puede desear sexo más a menudo y aceptar la negativa del otro por el cansancio. Pero en vacaciones desaparece esa excusa: o ya no se acepta el rechazo con tanta facilidad, o quien se negaba ya no tiene el cansancio como justificación. Y ahí aparece otro foco de tensión.
El reparto de tareas
La corresponsabilidad se hace muy visible en vacaciones. Si en casa una persona asume la mayoría de las tareas del hogar y la crianza, irse a un apartamento o a una casa de alquiler significa seguir haciendo lo mismo en otro sitio: esa persona no está teniendo vacaciones de verdad. Cuanto más repartidas estén las tareas durante el año, más fácil será mantener ese equilibrio fuera de casa.
«Estábamos fenomenal y de repente se rompió todo»
Es una frase habitual, pero conviene matizarla: seguramente no estabais tan fenomenal. Había cosas que no se trabajaban, a las que no se daba importancia o que la rutina y el cansancio no nos dejaban ni ver. Las vacaciones, con su calma, nos dan el tiempo y el espacio mental para pararnos a pensar en esos detalles que llevábamos tiempo aparcando.
Cómo evitar que las vacaciones acaben en divorcio
La buena noticia es que todo esto se puede prevenir. Y la clave no está en las vacaciones, sino en lo que hacemos durante el resto del año:
- Dedica tiempo a la pareja todo el año: no esperes a las vacaciones para «estar juntos». Reserva un rato cada semana solo para vosotros dos. La pareja es un universo propio dentro de la familia, con sus propias dinámicas.
- Cuida la comunicación: poneos de acuerdo en las normas con los hijos, no os desacreditéis el uno al otro delante de ellos y hablad de lo que necesitáis antes de que estalle.
- Reparte la crianza y las tareas: una corresponsabilidad real durante el año hace que las vacaciones sean descanso para ambos, no para uno solo.
- No descuides la intimidad: las relaciones sexuales también forman parte del bienestar de la pareja y merecen atención durante todo el año.
- Planifica con antelación: el destino, el presupuesto y las expectativas. Hablarlo antes evita muchas discusiones después.
Y si la decisión es separarse
Si volvéis de vacaciones con la idea clara de separaros, siempre hay vías. La primera es intentar reconectar a través de la terapia de pareja, donde se puede ver qué estaba realmente mal y qué ha terminado de explotar en vacaciones. Y si la decisión está tomada, también se puede trabajar para hacerlo bien: sin conflicto, protegiendo a los hijos y peleando lo menos posible.
En cualquier caso, lo ideal es hacer el trabajo de pareja antes, para irnos de vacaciones con ganas de disfrutarlas, y no convertir el verano en el recuerdo amargo del año en que todo se rompió. Porque las vacaciones suelen ser un cúmulo de recuerdos bonitos, y merece la pena cuidarlas.
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