Educación afectivo-sexual Diversidad sexual: términos clave y mitos que es hora de desmontar

Diversidad sexual: términos clave y mitos que es hora de desmontar

Diversidad sexual: términos clave y mitos que es hora de desmontar

Hablar de diversidad sexual es hablar de todas las formas legítimas de sentir, amar y relacionarse que existen entre los seres humanos. Muchas veces, al hablar de sexualidad, damos por hecho ciertos términos sin pararnos a explicarlos, y eso puede generar confusión. Hoy vamos a aclarar los conceptos básicos de la diversidad sexual y de género, y a desmontar los mitos que, por desgracia, todavía circulan en nuestra sociedad sobre el colectivo LGTBIQ+.

Porque entender bien estos términos no es un capricho lingüístico: es la base del respeto. Cuanto más de cerca conocemos la realidad de la diversidad sexual, más claro queda que nos une mucho más de lo que nos diferencia.

Qué significan las siglas LGTBIQ+

Las siglas LGTBIQ+ engloban a un colectivo muy amplio dentro de la diversidad sexual y de género. Lesbianas (mujeres a las que les gustan las mujeres), gays (hombres a los que les gustan los hombres), bisexuales (personas a las que les gustan ambos sexos), transexuales, intersexuales, queer, y ese «+» final que representa todas las identidades y orientaciones que no quedan encasilladas en una etiqueta concreta.

Los términos más conocidos no suelen generar dudas, pero conviene detenerse en los que sí: intersexual, transexual y queer son los que con más frecuencia se confunden entre sí o con otros conceptos.

Intersexualidad, transexualidad y queer: tres realidades distintas

Intersexualidad

Las personas intersexuales son aquellas que no nacen con un sexo biológico definido como exclusivamente femenino o masculino: pueden presentar genitales indeterminados o características físicas de ambos sexos. Suele originarse por desajustes hormonales durante el embarazo que hacen que el desarrollo no se oriente completamente hacia uno de los dos extremos del binomio masculino-femenino.

Transexualidad

Las personas transexuales son aquellas que no se identifican con el género que les fue asignado al nacer. Aquí no hablamos de sexo biológico, sino de sentimiento e identidad: cómo se percibe cada persona a sí misma, independientemente de los genitales con los que haya nacido.

Queer

El término queer describe a personas que no se identifican por completo con ninguno de los dos géneros tradicionales, o cuya identidad puede ser fluida y cambiar con el tiempo: sentirse más masculino en un momento y más femenino en otro, por ejemplo. Como cualquier otra identidad dentro de la diversidad sexual, merece pleno respeto y reconocimiento.

Cisgénero es el término que describe a la persona que sí se identifica con el sexo biológico y el género que le fueron asignados al nacer: un hombre que se siente hombre, una mujer que se siente mujer. Es el opuesto conceptual a transexual.

Diversidad sexual: sexo biológico, orientación e identidad

Gran parte de la confusión alrededor de la diversidad sexual viene de mezclar tres conceptos que son completamente independientes entre sí.

El sexo biológico son los caracteres físicos y genitales con los que nacemos: hombre, mujer o intersexual. La orientación sexual es quién nos atrae: heterosexual (atracción por el sexo contrario), homosexual (gay o lesbiana, atracción por el mismo sexo) o bisexual (atracción por ambos). Y no es necesariamente fija de por vida: una persona puede identificarse como heterosexual durante años y sentir atracción por alguien de su mismo sexo en otro momento, sin que eso invalide nada de lo anterior.

Y la identidad de género es con qué género nos identificamos, que puede coincidir o no con el sexo biológico asignado al nacer. Si coincide, hablamos de persona cisgénero; si no coincide, de persona transexual. Estos tres conceptos (sexo biológico, orientación e identidad) son ejes completamente independientes: conocer uno no permite deducir los otros dos.

Diversidad sexual: transexual y travesti no son lo mismo

Una de las confusiones más frecuentes en consulta y en talleres es pensar que transexual y travesti significan lo mismo. No es así. El transexual es una persona que no se identifica con el género asignado al nacer: es una cuestión de identidad profunda.

El travestismo, en cambio, consiste en vestirse con ropa asociada al otro género, y no tiene relación necesaria ni con la orientación sexual ni con la identidad de género. Una persona heterosexual y cisgénero puede ser travesti perfectamente; es una expresión, no una identidad ni una orientación.

Mitos sobre la diversidad sexual que es hora de desmontar

A pesar de que en España existe reconocimiento legal pleno para el colectivo LGTBIQ+, a nivel social todavía persisten mitos profundamente arraigados sobre la diversidad sexual. Vamos a desmontarlos uno por uno, con la misma calma y rigor con que abordamos cualquier otro tema de salud sexual.

1. «Ser homosexual es una moda»

Falso. La homosexualidad ha existido en todas las culturas y todas las épocas desde que existe la especie humana. Lo que ha cambiado no es la existencia de la homosexualidad, sino la aceptación social y legal, que permite que ahora salgan a la luz muchos casos que antes permanecían ocultos por miedo o represión.

2. «Las personas homosexuales son más promiscuas»

La promiscuidad depende de cada persona y de sus circunstancias, no de su orientación sexual. Hay personas homosexuales y heterosexuales que prefieren la estabilidad, y hay personas homosexuales y heterosexuales que prefieren tener varias parejas. No hay ninguna relación entre orientación y comportamiento sexual en ese sentido.

3. «Existe un prototipo físico de persona homosexual»

El estereotipo del «hombre gay con pluma» o la «mujer lesbiana masculina» no tiene ninguna base real. Cómo nos movemos, vestimos o comunicamos es nuestra expresión de género, y es completamente independiente de la orientación sexual. Hay hombres gays con expresión muy masculina y mujeres lesbianas muy femeninas, y todas las combinaciones intermedias.

4. «Las parejas homosexuales no pueden criar igual de bien»

Numerosos estudios de universidades de prestigio, recopilados también por la Asociación Americana de Psicología sobre crianza en familias LGTBIQ+, demuestran que la calidad de la crianza no depende de la orientación sexual de quienes cuidan, sino del tipo de cuidados, atención y educación que se ofrece. Las familias homoparentales crían con la misma calidad que las heteroparentales.

5. «La homosexualidad es hereditaria»

No lo es. Cada persona nace con su propia orientación sexual, que asumirá en algún momento de su vida o que quizá nunca llegue a verbalizar, pero no se transmite de padres a hijos como un rasgo genético heredado.

6. «Si mi hijo se relaciona con homosexuales, se le pegará»

La orientación sexual no es contagiosa ni se transmite por convivencia o amistad. Si una hija heterosexual tiene amigas lesbianas, no se volverá lesbiana por ello, igual que si una hija lesbiana tiene amigos heterosexuales, no se volverá heterosexual. La orientación no se elige ni se contagia.

7. «Las personas homosexuales transmiten el VIH»

Este es un mito especialmente dañino. Es cierto que cuando el VIH surgió en los años 80 se detectó una alta incidencia entre hombres homosexuales, pero la protección frente a esta y otras infecciones de transmisión sexual no depende del sexo de la persona con la que nos acostamos, sino de las medidas de prevención que se tomen. Puedes informarte sobre el uso correcto del preservativo y la prevención de infecciones en esta entrada sobre mitos del preservativo.

8. «La homosexualidad es una enfermedad mental»

No lo es, y no tiene tratamiento porque no hay nada que tratar. Hubo una época oscura en la que se aplicaban terapias de aversión, incluyendo electroshocks, para intentar «curar» la homosexualidad. No conseguían cambiar la orientación de nadie: lo único que generaban eran traumas profundos y disfunciones emocionales graves en personas a las que se castigaba por ser quienes eran.

Para recordar: la diversidad sexual no es un problema que resolver ni una tendencia pasajera. Es la realidad humana en toda su variedad.

Por qué entender la diversidad sexual nos beneficia a todos

Comprender bien estos conceptos no es solo una cuestión de corrección política: es una herramienta de salud mental y de convivencia. Las personas que crecen en entornos donde su identidad u orientación es respetada tienen muchos menos problemas de ansiedad, depresión y autoestima que aquellas que crecen en entornos hostiles o de rechazo.

Y para las familias, entender la diversidad sexual con claridad permite acompañar mejor a hijos e hijas en su proceso de autoconocimiento, sin imponerles etiquetas ni presionarles hacia ningún resultado concreto. El papel de un adulto de referencia no es decidir quién es el menor, sino sostener el espacio para que él o ella pueda descubrirlo con seguridad y sin miedo.

Hablar de diversidad sexual con naturalidad, tanto en casa como en consulta, es una de las formas más eficaces de prevenir el sufrimiento innecesario. Cuanta más información circula, menos espacio queda para el mito, el prejuicio y el rechazo. Y cuanto menos rechazo hay, más libres podemos ser todas las personas, independientemente de a quién amemos o cómo nos identifiquemos.

La homosexualidad no duele, la homofobia sí.

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