Sexualidad Sexo bajo el agua: mitos del cine, placer real y los cuidados que nadie te cuenta

Sexo bajo el agua: mitos del cine, placer real y los cuidados que nadie te cuenta

Sexo bajo el agua: mitos del cine, placer real y los cuidados que nadie te cuenta

El sexo bajo el agua es una de las grandes fantasías que el cine nos ha vendido durante décadas: el mar en calma bajo la luna, la ducha apasionada, el jacuzzi de película. Pero entre la pantalla y la realidad hay un buen trecho. Aprovechando que estamos en plena primavera, vamos a separar el mito del placer real y a repasar todo lo que conviene tener en cuenta para disfrutar del agua sin sustos.

Porque el agua puede aportar sensaciones maravillosas y diferentes a las que vivimos en seco, pero también esconde algún que otro inconveniente que las películas se encargan de ocultar. Vamos a verlo zona por zona.

Sexo en el mar y en la playa: más mito que realidad

Imagina la escena: un mar mediterráneo en calma, de noche, bañado por la luz de la luna, los cuerpos mecidos por las olas. Suena maravilloso, ¿verdad? El problema es que la realidad pincha bastante, y nunca mejor dicho.

Las olas no siempre mecen con suavidad: muchas veces dan algún revolcón y algún que otro trago de agua. Pero lo importante es lo que no se ve en pantalla: la sal y la arena pican, y con la fricción pueden provocar irritaciones e infecciones internas. Y si hablamos de penetración, hay que añadir que los preservativos se estropean al contacto con la arena y la sal.

En resumen: la playa es un sitio estupendo para caricias, masajes y besos que nos pongan a tono, pero hacerlo dentro del agua salada o en la arena es, sencillamente, mala idea. El cine lo adorna mucho; tu cuerpo te lo agradecerá si te quedas en los preliminares.

Agua dulce: lagos, ríos y rincones discretos

Aquí la cosa cambia por completo. El agua dulce y limpia ofrece una experiencia genial y, además, aporta una humedad extra. El sexo oral bajo el agua, por ejemplo, es una sensación totalmente distinta a hacerlo fuera. Y la buena noticia es que en aguas naturales no hay problema con los preservativos.

La única precaución importante es la temperatura: con agua muy fría, ciertas partes que deberían estar arriba tienden a venirse abajo. Si el agua está demasiado fría, podemos entrar en calor con nuestros propios cuerpos sin necesidad de culminar con penetración.

Eso sí, si optamos por el sexo al aire libre, la discreción es fundamental. Hablamos de lugares públicos, así que hay que asegurarse de que no haya gente alrededor, y muy especialmente de que no haya menores cerca, porque ahí el problema deja de ser de pareja para convertirse en uno legal serio.

Piscinas, jacuzzis y casas rurales

Cada vez más casas rurales se orientan a parejas e incluyen un pequeño jacuzzi o una bañera grande con chorros y asientos. Y muchas viviendas cuentan con piscina particular. Son una idea estupenda, porque el agua no está tan fría como en un río o un lago, es un agua calmada y segura, y suele haber muchas zonas donde apoyarse.

Ese punto de apoyo (una escalera, un asiento, un escalón) ayuda muchísimo a mantener el ritmo y hace que el sexo sea mucho más cómodo. Además, es un sexo «limpio»: estás a tope de sensaciones, pero sin ese sudor que a veces incomoda y sin agotamiento.

La ventaja de la flotación

En el agua no tenemos que soportar el peso, ni el nuestro ni el de nuestra pareja, y al reducirse la presión sobre las articulaciones desaparece buena parte del dolor o la incomodidad. Eso hace que muchas posturas se vuelvan mucho más sencillas y accesibles. Es uno de los grandes regalos del sexo acuático.

Ojo con el cloro

En las piscinas hay que tener en cuenta que el cloro también estropea los preservativos, igual que la sal del mar. Si vas a tenerlo en cuenta, planifícalo.

Y no hace falta salir de casa: una bañera normal, con algún complemento adecuado como una almohada para reposar la cabeza o unas agarraderas para no resbalar, permite disfrutar de todo esto en la intimidad de tu propio baño.

Sexo en la ducha: lo que el cine no te cuenta

Llegamos a la fantasía estrella. Todos tenemos en la cabeza esa imagen de cine del sexo en la ducha, apasionado y brutal. Pero en la realidad, la penetración de pie en la ducha es mala idea: se resbala, y podemos acabar con una caída seria, una cadera o un hombro lesionados.

Ni ellos suelen ser tan fuertes y vigorosos, ni nosotras tan ágiles, ligeras y flexibles como para sostener esas posturas imposibles que vemos en pantalla. A eso súmale el agua metiéndose en los ojos, el jabón que pica y la alcachofa de la ducha que se descuelga en el peor momento. Para personas mayores, además, evitar este tipo de acrobacias es directamente una cuestión de seguridad.

No renuncies a la ducha, reinvéntala: el agua caliente relaja la musculatura y crea un ambiente perfecto para los geles, los aromas, enjabonarse mutuamente, el sexo oral o los juguetes acuáticos. Y si la ducha es amplia, sentarse y apoyarse en la pared permite mantener relaciones con penetración disfrutando del vapor y la humedad, pero sin el peligro de resbalar.

Hay una imagen que casi todos llevamos en la cabeza: la de Memorias de África, cuando le lavan el pelo a la protagonista. Ese masaje en el cuero cabelludo crea una conexión y un ambiente buenísimos, ya sea para acabar después en la cama o para quedarse en la propia ducha. Las ayudas ortopédicas pensadas para la higiene de personas con poca movilidad (asideros, reposapiés) pueden venir muy bien también aquí, siempre sin fiarse de las posturas imposibles.

Cuidados prácticos: piel, lubricación y juguetes

¿Y la piel arrugada?

Resulta irónico, pero dentro del agua perdemos hidratación y la piel se vuelve más áspera, sobre todo en manos y pies. La buena noticia es que esto no supone ningún problema: no hay pérdida de sensibilidad y, de hecho, el agua aumenta las sensaciones. Basta con cuidar la hidratación al salir.

La lubricación funciona igual

En agua que no sea salada ni clorada, el cuerpo lubrica exactamente igual que fuera del agua: no hay que temer la sequedad. Y si en algún momento se necesita un extra, los lubricantes de silicona son más densos y resisten mejor tanto la fricción como los agentes externos. Se encuentran en cualquier supermercado o farmacia.

Juguetes acuáticos

La mayoría de los juguetes sexuales se pueden usar dentro del agua (viene especificado en la propia caja o el envoltorio). Y merece la pena, porque sumas el calor del agua y la flotación a las sensaciones habituales, especialmente si puedes controlar la temperatura en un jacuzzi, una bañera o la ducha.

Un último consejo sensorial

Para sacarle el máximo partido a ese momento, prueba los geles en formato mousse o espuma: se funden con la piel, muchos llevan aceites esenciales hidratantes y dejan un tacto sedoso y suave. Con muy poca cantidad se extienden genial y convierten un simple momento de higiene en una experiencia sensorial completa. Enjabonarse el uno al otro, despacio y sin prisa, es una forma estupenda de ir más allá de la penetración y salir de la rutina.

Porque de eso se trata: de estimular todos los sentidos y de descubrir que el agua, bien aprovechada, es un escenario distinto y lleno de posibilidades. Solo hay que dejar las acrobacias de película donde corresponden, en la pantalla.

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