Pareja Parejas abiertas: guía completa para entender y practicar este modelo de relación

Parejas abiertas: guía completa para entender y practicar este modelo de relación

Parejas abiertas: guía completa para entender y practicar este modelo de relación

Cuando hablamos de parejas abiertas, a menudo oímos la expresión dicha con ligereza: «Somos una pareja abierta.» Pero la realidad es mucho más compleja. Detrás de cada pareja abierta que funciona hay largas conversaciones, límites bien definidos y, sobre todo, una comunicación constante.

En este artículo vamos a explorar qué son realmente las parejas abiertas, cuándo pueden funcionar y cuándo es mejor no intentarlo.

¿Qué es una pareja abierta?

Una pareja abierta es aquella en la que dos personas en una relación de pareja deciden abrir su relación y no centrarse únicamente en la monogamia. Pero aquí está la clave: puede ser abierta a dos niveles.

  • A nivel sexual: ambas personas mantienen relaciones sexuales con otras personas, pero sin crear vínculos emocionales.
  • A nivel sentimental: además de relaciones sexuales con terceros, también se abre la posibilidad de que una de las personas inicie una nueva relación de pareja alternativa a la que ya tiene.

Esta distinción es fundamental, porque no es lo mismo acordar que cada uno puede tener sexo con otras personas que permitir que tu pareja desarrolle otra relación completa fuera de la vuestra.

Cuándo una pareja abierta no funciona

Hay casos claros en los que una pareja abierta está condenada al fracaso antes de empezar. Es honesto reconocerlo.

Si hay celos

Si uno o ambos miembros de la pareja son celosos, no van a funcionar como pareja abierta. No importa cuántas veces digan «está bien, me parece bien», si los celos están ahí, la experiencia será dolorosa. Los celos no desaparecen porque hayas dado tu consentimiento; siguen ahí, erosionando la relación.

Si hay presión o miedo a perder la pareja

Esto es crítico: si una persona propone abrir la pareja y la otra accede, no porque lo desee, sino porque tiene miedo de perder a su pareja o miedo a que le sean infiel, esto no es una pareja abierta. Es manipulación disfrazada de acuerdo.

Si hay consenso mutuo, hablamos de pareja abierta. Si hay presión, silencio o falta de conocimiento, hablamos de infidelidad.

Si se usa como parche para problemas de fondo

Muchas parejas intentan abrir la relación cuando hay un problema que no quieren enfrentar: comunicación deficiente, deseo sexual desalineado, proyecto de vida diferente. Algunas deciden tener un hijo esperando que eso revitalice la pareja. Otras abren la relación con la misma esperanza.

Raramente funciona. Porque no estás tratando el problema principal; estás añadiendo más complejidad a una relación que ya está rota.

Cuándo una pareja abierta sí puede funcionar

Cuando ambas personas lo desean genuinamente

El elemento fundamental es que ambas quieran probar nuevas experiencias. No una, ambas. Y esto tiene que venir de un lugar de curiosidad y libertad, no de inseguridad o presión.

Pero aquí viene algo importante: incluso cuando ambas lo desean, la realidad puede ser diferente a lo que imaginan. Muchas parejas deciden abrir la relación, están de acuerdo, y cuando llega el momento, una de ellas se da cuenta de que no puede.

Puede estar en casa, tumbada en el sofá, pensando que su pareja está con otra persona, y de repente su cabeza se acelera. Se da cuenta de que creía poder, pero no puede. Y eso es perfectamente válido.

Cuando una pareja abre su relación, debe tener claro que cualquiera de las dos personas puede cambiar de opinión en cualquier momento.

Desde la confianza y la comunicación plena

Una pareja abierta funciona cuando existe una confianza absoluta. No es que confíes en que tu pareja no te engañe; es que confíes en que si algo no funciona, te lo dirá. Que si descubre que no le gusta, te lo comunicará. Que si siente algo inesperado, lo hablará contigo.

Sin esta confianza, cualquier modelo de relación falla. Pero en las parejas abiertas, falla de forma espectacular.

El contrato: definiendo los términos

Una vez que ambas personas han decidido abrir la pareja, el siguiente paso es crítico: definir los términos. Y aquí es donde muchas parejas fracasan.

Dicen: «Vale, estamos de acuerdo. Cada uno puede irse con quien quiera.» Pero dentro de «con quien quiera» hay infinitos matices. Sin claridad sobre estos matices, habrá conflicto.

Qué necesitáis definir juntos

  • ¿Solo sexo o también sentimental? ¿Os abrís a nivel sexual únicamente, o permitís que se desarrollen sentimientos?
  • ¿Necesitáis saber o preferís no saber? Algunas personas necesitan los detalles; otras prefieren vivir en la ignorancia. Ambas opciones son válidas si hay acuerdo.
  • ¿Juntos o por separado? ¿Vais juntos a un club de intercambio? ¿Cada uno busca sus propias experiencias? ¿Compartís espacio pero en habitaciones separadas?
  • ¿Quiénes entran y quiénes no? No con amigos cercanos, no con gente del círculo común, preferiblemente desconocidos… cada pareja decide sus límites.
  • ¿Nuestro templo es sagrado? ¿Permitís que otras personas entren en vuestro hogar, o todo ocurre fuera?
  • ¿Estamos abiertos a tríos? ¿Queréis involucrar a una tercera persona en vuestra relación sexual directa? ¿Con quién y en qué condiciones?

Estos términos no son reglas de hierro. Pero necesitan discutirse, acordarse y revisarse con el tiempo. Si la pareja no puede llegar a un acuerdo por sí misma, un terapeuta puede mediar. No es debilidad; es inteligencia.

El contrato es revisable

Aquí va algo importante: el contrato de pareja abierta no está blindado. Es vivo. Evoluciona.

Es recomendable que, si todo va bien y no surge ningún conflicto importante, reviséis este acuerdo a los pocos meses. Porque puede pasar que:

  • Algo que creías que no querías ahora te apetece.
  • Algo que habías permitido ahora te incomoda.
  • Necesitas más comunicación o menos detalles que antes.
  • Has descubierto nuevos límites o nuevas posibilidades.

Esto es completamente normal. Después de experimentar, surgen emociones, dudas y sensaciones que no esperabas. Si tenéis la confianza con vuestra pareja de decirle que queréis abrir la relación, tened también la confianza de decirle después qué está bien y qué no.

¿Es más fácil empezar desde cero?

Muchas personas creen que es más fácil empezar una pareja abierta desde el principio, cuando ambas personas acuerdan desde el inicio que quieren este modelo. Y puede ser cierto, en algunos aspectos.

Pero transformar una relación monógama después de años en una pareja abierta no tiene por qué ser más difícil. Es diferente. Y a veces esa transformación sucede precisamente porque ambas personas sienten que hay cosas por experimentar, nuevas experiencias que vivir juntas.

Lo que importa no es cómo empezasteis, sino que ambas queráis estar ahí ahora, en este modelo, desde la libertad y no desde la obligación.

La realidad: no es simple

A veces vemos parejas que dicen «somos abiertos» de forma muy alegre. Pero detrás de eso hay conversaciones largas. Hay prueba y error: «Hicimos esto, pero no nos gustó, no lo repetimos.» Hay revisión constante. Hay vulnerabilidad.

Es exactamente como cuando una pareja monógama prueba una nueva práctica sexual. Si a uno o a ambos no les gusta, no se repite. O se repite con otros términos, de otra forma, buscando otro modo.

Una pareja abierta, para funcionar, requiere estar en un lugar de estabilidad y confianza. Si eso falla, todo falla.

El riesgo: el de siempre

Sí, hay un riesgo en las parejas abiertas que probablemente habéis considerado: «¿Y si mi pareja se enamora de la otra persona y me deja?»

Es un riesgo real. Pero es exactamente el mismo riesgo que corres en una pareja monógama. Tu pareja podría conocer a alguien en el trabajo, en el gimnasio, en la calle. Y podría enamorarse.

La diferencia es que en una pareja abierta, tú lo sabes. Es transparente. Es consensuado. Eso no elimina el riesgo, pero sí lo hace más honesto.

No es para todo el mundo

Y aquí está la verdad incómoda: las parejas abiertas no son para todo el mundo.

Hay personas para quienes la monogamia es un valor moral. Para ellas, una pareja abierta nunca se sentirá cómoda, por mucho que lo intenten. Y eso está perfectamente bien.

Si tú eres monógamo y feliz en tu relación tradicional, excelente. No tienes que probar las parejas abiertas para ser moderno. No tienes que seguir las modas del momento. Así como no llevarías ropa de un color que odias solo porque está de moda, tampoco adoptes un modelo de relación que no te funciona.

Hay mil formas de vivir tu vida amorosa y sexual. Todas son válidas, siempre que estén basadas en el respeto, la confianza y el conocimiento mutuo.

Salud sexual: sin excepciones

Y para terminar, algo que debería darse por sentado pero que mencionamos explícitamente: en una pareja abierta, cualquier relación fuera de la pareja debe llevarse a cabo con protección.

Preservativos. Siempre. Usar protección en una pareja abierta no es opcional: es un acto de respeto.

Porque no solo se trata de ti y tu pareja. Si hay hijos, un posible contagio afecta a toda la familia. Si hay un embarazo no previsto, afecta al futuro.

Usar protección en una pareja abierta no es opcional. Es un acto de respeto hacia tu pareja, hacia los demás y hacia tu propia persona.

Conclusión: desde el respeto y la honestidad

Las parejas abiertas pueden funcionar. Y hay muchas parejas para las que funcionan de forma satisfactoria. Pero requieren algo que muchas parejas tradicionales no cultivan suficientemente: comunicación honesta, revisión constante, vulnerabilidad y confianza absoluta.

No es más moderno, ni mejor, ni peor que una pareja monógama. Es diferente. Y si funciona para vosotros, desde la libertad y no desde la presión, adelante.

Pero si no funciona, si no te sientes cómodo, si descubres que no puedes, no hay nada de malo en ello. La pareja abierta es una opción entre muchas.

Lo importante es vivir tu vida sexual y amorosa de una forma que te permita ser feliz, honesto y respetuoso. Todo lo demás son detalles.

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