Pareja Sleep divorce o divorcio del sueño: por qué dormir separados puede mejorar tu relación de pareja

Sleep divorce o divorcio del sueño: por qué dormir separados puede mejorar tu relación de pareja

Sleep divorce o divorcio del sueño: por qué dormir separados puede mejorar tu relación de pareja

El sleep divorce, o divorcio del sueño en castellano, es una tendencia al alza que está dando mucho que hablar. Y antes de que te imagines lo peor, déjame aclararlo: no tiene nada que ver con una crisis de pareja. Son parejas que están perfectamente bien, que mantienen su intimidad y sus relaciones, pero que deciden dormir en habitaciones separadas para tener una mayor calidad de sueño.

Así, de primeras, puede sonar frío o incluso preocupante. Pensamos: «si no dormimos juntos, algo va mal». Pero cuando lo analizas con calma, tiene toda la lógica del mundo. Hoy vamos a ver por qué cada vez más parejas eligen este modelo, cómo hacerlo bien y qué dicen los estudios sobre sus beneficios.

Qué es exactamente el sleep divorce

Conviene no confundir el divorcio del sueño con esas noches en las que, tras una discusión, uno se va a dormir al sofá. Tampoco con parejas que atraviesan una crisis. Hablamos de parejas que funcionan bien, que se quieren, que comparten su día a día y su intimidad, pero que han decidido que el momento de dormir merece un espacio propio.

Muchas parejas empiezan este camino con la llegada de un bebé, sobre todo si practican colecho: uno se ocupa de las noches y el otro descansa para poder con el día. Y al cabo del tiempo, muchas continúan porque descubren las ventajas que tiene para el descanso de ambos.

Los motivos que llevan a dormir separados

Las razones son muchas y todas tienen que ver con una misma cosa: descansar mejor.

Los ronquidos

Molestan mucho a quien no ronca, que no consigue dormir. Pero ojo, porque al final tampoco descansa bien quien ronca, ya que la otra persona está moviéndose, dándole codazos o despertándole. Conclusión: no duerme ninguno de los dos. Y el ronquido, recordemos, no se elige.

La temperatura

Si una persona necesita solo una sábana y la otra tres mantas, compartir cama es una incomodidad constante. Tampoco el calor se elige: no lo hacemos para fastidiar al otro, simplemente nuestro cuerpo lo necesita.

Los horarios diferentes

Si uno se acuesta a las doce y el otro se levanta a las cuatro, es muy difícil no molestarse mutuamente. Y lo mismo ocurre cuando uno necesita oscuridad total y el otro algo de luz, o cuando uno lee y el otro escucha la radio.

El movimiento

Hay gente que se mueve muchísimo por la noche. Patadas, manotazos, una cama que se mueve y chirría… Es realmente agotador despertarte sin haber podido descansar por culpa del movimiento del otro.

No dormir bien pasa factura. No descansar una noche no supone casi nada, pero hacerlo de forma continuada afecta a nivel psicológico (irritabilidad, cansancio, falta de energía, problemas de concentración) y físico (digestiones, recuperación tras el deporte, dolores musculares y de cabeza).

Una idea que no es nueva

Aunque ahora le pongamos un nombre en inglés, esto no es ningún invento moderno. Las parejas de la alta sociedad llevan siglos teniendo camas separadas e incluso sus propias habitaciones, para estar resplandecientes por la mañana. Lo novedoso es que hoy lo planteamos como una opción saludable y consciente para cualquier pareja, no solo como un privilegio.

Cómo hacerlo bien

La clave de todo es que sea algo consensuado. Ninguna de las dos personas debe sentir que la están echando de su cama o de su habitación, sino que es una decisión que va en beneficio de ambos. Y es fundamental que las dos tengan buenas condiciones para dormir: no vale que uno se quede con la cama de matrimonio y el otro acabe en un plegatín en el salón.

Estas son las opciones, de mejor a peor:

  • Habitaciones separadas: la situación ideal. Elimina los problemas de luz, temperatura, movimiento y ruido.
  • Dos camas separadas en la misma habitación: resuelve la temperatura y el movimiento, pero no los sonidos ni la luz.
  • Un buen sofá cama: como última opción. Eso sí, que sea cómodo de verdad. Merece la pena invertir en un buen colchón, porque hablamos de descansar bien y de no romper el equilibrio de igualdad dentro de la pareja.

Y si la única opción es el salón, hay que respetarlo como si fuera una habitación: nada de poner la tele a primera hora o desayunar haciendo ruido mientras el otro duerme.

Intimidad y sexo no son lo mismo que dormir

Aquí está una de las grandes confusiones. Tenemos tan asociada la intimidad con dormir juntos que nos cuesta separarlas. Pero no tienen nada que ver. Una cosa es el descanso y otra muy distinta son los mimos, el sexo, las caricias y el contarnos las cosas del día.

No hay ningún problema en mantener relaciones y luego irse cada uno a su cama, o en quedarse dormidos juntos y cambiarse de habitación en mitad de la noche. No se pierde ni calidad ni calidez. Hay parejas que duermen separadas y que se quedan tumbadas hablando, acariciándose o manteniendo sexo hasta el momento de dormir. Simplemente, llegado ese momento, cada uno descansa a su ritmo.

El dato: según los estudios, el 68 por ciento de las parejas que llevan años durmiendo en habitaciones separadas han mejorado sus relaciones sexuales. Ese mejor humor y esa mayor energía se reflejan en más deseo y más ganas de pasar tiempo con la pareja.

Flexibilidad total: no tiene que ser para siempre

Dormir separados no es una sentencia definitiva. Cada pareja busca su situación ideal y puede adaptarla. Si el problema es que entre semana uno madruga y el otro se acuesta tarde, el fin de semana se puede volver a compartir cama sin ningún problema. O por temporadas: si la alergia de primavera dispara los ronquidos, durante esas semanas dormimos separados y en verano volvemos a lo de siempre.

Lo importante es entender que no es un signo de que la pareja vaya mal. Se trata simplemente de dormir, no de todo lo demás.

¿Y qué les contamos a los hijos?

Si son muy pequeños, ni siquiera preguntarán, porque para ellos lo normal es lo que ocurre en su casa. Si son un poco más mayores (seis, siete, ocho años) y ya son conscientes, explícaselo con total naturalidad: «Papá y mamá están perfectamente, se quieren mucho, somos una familia feliz, pero como mamá madruga y papá se acuesta tarde, cada uno duerme en una cama». No hay que darle más importancia de la que tiene.

El factor sorpresa: echarse de menos

Un estudio de la Universidad Nacional de Suecia, realizado con más de 1.500 parejas que dormían separadas, reveló algo curioso: una de las ventajas que más mencionaban era que echaban un poco de menos a su pareja. Es como cuando alguien se va de viaje unos días y vuelves con muchas ganas de verle.

Casi el 83 por ciento manifestaba tener muchas más ganas de dormir de forma puntual con su pareja que antes, cuando el día a día se les hacía rutinario. Es un poco volver a esa fase de novios en la que no te ves cada día y, cuando estás con la otra persona, lo disfrutas mucho más.

¿Es para todas las parejas?

No. El divorcio del sueño tiene sentido cuando existe un motivo real para no descansar bien: ronquidos, horarios incompatibles, movimiento, temperatura. Si los dos dormís perfectamente juntos, no hay nada que cambiar. Dormir separados «porque sí» no aporta ningún beneficio.

Donde sí resulta una solución estupenda es en parejas mayores: con la edad aumentan las idas al baño por la noche, los ronquidos se intensifican y pueden aparecer molestias articulares que hacen incómodo compartir cama. Además, suelen tener facilidad para disponer de una habitación propia cuando los hijos ya no viven en casa.

Y si lo que te preocupa es el qué dirán, recuerda algo muy sencillo: nadie tiene por qué saberlo si tú no quieres. Lo importante es tu descanso y el de tu pareja, no la opinión ajena.

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Desde Sexoluciones te acompaño con terapia y asesoramiento para parejas que quieren descansar mejor, comunicarse con honestidad y disfrutar de una intimidad plena. Hablar de lo que nos incomoda también es cuidarnos.

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