Pareja Fecundación artificial: cómo cuidar el sexo durante el tratamiento

Fecundación artificial: cómo cuidar el sexo durante el tratamiento

Fecundación artificial: cómo cuidar el sexo durante el tratamiento

Cada vez más parejas recurren a la fecundación artificial cuando el embarazo no llega por vía natural. Es un proceso que puede ser precioso, pero que también pone a prueba la relación, porque el sexo deja de ser un espacio de placer y se convierte en una tarea programada. En este artículo te cuento qué le ocurre a la sexualidad de la pareja durante este proceso, por qué el sexo se vuelve mecánico y qué podemos hacer para que el deseo no se quede por el camino.

Qué le pasa a la pareja durante la fecundación artificial

La inseminación artificial y la fecundación in vitro no son lo mismo. En la primera se introduce el semen directamente en el útero. En la segunda se extraen el óvulo y el semen por separado, se unen en el laboratorio, se crea un embrión y es ese embrión el que se implanta. Antes de llegar a cualquiera de las dos, la mayoría de parejas ya ha pasado un tiempo intentando concebir de forma natural, y ese desgaste previo llega cargado de frustración a la consulta.

Cada vez hay más parejas que necesitan apoyo médico para concebir. Influyen la alimentación, el estrés, el ritmo de vida y, sobre todo, la edad: cada vez retrasamos más la maternidad y la paternidad, y aunque la ciencia permite ser madres más tarde, el cuerpo sigue teniendo sus propios tiempos biológicos. No hay una sola causa, sino una suma de factores que hace que cada vez más parejas pasen por un proceso de fecundación artificial.

Biológicamente, la etapa de mayor fertilidad se sitúa entre los 18 y los 27 años, pero el ritmo de vida actual, con estudios, carrera y estabilidad económica de por medio, hace que la mayoría de mujeres se planteen la maternidad bastante más tarde. Lo que hace diez años se consideraba un embarazo de riesgo por edad, a partir de los 35 años, hoy se ha desplazado hasta los 42, reflejo de que cada vez llegamos a este momento más tarde y, muchas veces, con más ayuda médica de por medio.

Por qué el sexo se vuelve mecánico en la fecundación artificial

Cuando el objetivo es concebir, las relaciones sexuales empiezan a organizarse en torno al calendario de ovulación. Hoy toca aunque no apetezca, mañana apetece pero no toca porque hay que guardar unos días de abstinencia para mejorar la calidad del esperma. Este control constante hace que el sexo pierda espontaneidad y se convierta en un trámite: llego, penetro, salgo. Con el tiempo, esa mecánica puede generar cierto rechazo hacia el sexo, precisamente porque deja de vivirse desde el deseo y el placer.

Esta presión de calendario afecta especialmente porque convierte algo tan íntimo en una cita más de la agenda, con la misma urgencia que una reunión de trabajo. Es habitual escuchar que después del trabajo toca ir a casa a intentarlo, aunque ese día no haya ganas de nada. Cuando el sexo se planifica exclusivamente en función de la ovulación, perdemos la espontaneidad que normalmente hace que un encuentro sea satisfactorio, y eso desgasta a la pareja mucho más de lo que solemos reconocer.

Para el hombre, muchas veces la eyaculación llega sin apenas estimulación previa ni juego, así que no resulta especialmente placentera. Para la mujer, la penetración puede llegar a ser incluso incómoda, sobre todo si durante el encuentro está pensando constantemente en si esta vez sí se quedará embarazada. Es habitual, además, que la fecundación se asocie erróneamente con la virilidad masculina, lo que añade una carga psicológica innecesaria a un proceso que depende de muchos factores compartidos.

Mantener relaciones con frecuencia ayuda, y las contracciones uterinas del orgasmo femenino favorecen que el esperma se desplace mejor hacia el óvulo. Ayuda, pero no garantiza nada: la calidad del esperma, la reserva ovárica y otros factores médicos siguen siendo determinantes.

Cómo mantener el deseo durante la fecundación artificial

Si un día concreto toca por calidad de esperma o por ovulación, no hace falta convertirlo en un trámite frío. Tenemos todo un abanico de posibilidades en cuanto al sexo y al placer, y merece la pena aprovecharlo aunque de entrada no apetezca demasiado. Crear un ambiente agradable, con velas, música o una cena antes, ayuda a que ese encuentro se viva como algo compartido y no como una obligación biológica.

Explorar los cinco sentidos en la sexualidad puede ayudar a recuperar la conexión cuando el sexo se ha quedado reducido al calendario. Dedicar tiempo al juego previo no solo hace el encuentro más placentero para los dos, también favorece que la mujer llegue al orgasmo, y esas contracciones uterinas suman a favor durante la fecundación artificial, tanto si el proceso es natural como si es asistido.

Un detalle práctico que muchas parejas desconocen: no todos los lubricantes son compatibles con la búsqueda de embarazo. Algunos alteran el pH vaginal o dificultan el movimiento de los espermatozoides, así que si vais a usar lubricante en los días fértiles conviene elegir uno específico, formulado para no interferir en la fecundación artificial ni en la concepción natural. Vuestra unidad de fertilidad o vuestra farmacia pueden recomendaros cuál se adapta mejor a vuestro caso.

El papel del apoyo psicológico en la fecundación artificial

La mayoría de clínicas de reproducción asistida en España cuentan con un servicio de psicología, y acudir a él marca la diferencia. Los procesos de fecundación artificial pueden alargarse durante años, con un desgaste emocional y económico muy grande, y es habitual que la pareja se resienta. No solo se pierde espontaneidad en el sexo, también se pierde intimidad, y eso conviene cuidarlo con la misma atención que se cuida el tratamiento médico.

La vivencia también cambia según la situación de cada persona. En parejas heterosexuales que no logran concebir de forma natural, suele aparecer el peso del estigma de la infertilidad. En cambio, en parejas de mujeres o en maternidades en solitario, el uso de la fecundación artificial responde a una circunstancia, no a una dificultad médica previa, y eso se vive de una forma completamente distinta, sin esa sombra de sentirse fallando.

Es fácil caer en la búsqueda de culpables, preguntarse si algo que hicimos en el pasado tiene la culpa de la dificultad actual. La realidad es que casi nunca hay un único responsable, y buscar esa culpa solo añade más carga a un proceso que ya es exigente de por sí. El apoyo psicológico ayuda precisamente a soltar esa culpa y a acompañar mejor a la pareja durante todo el camino.

Además, no siempre lo viven igual los dos miembros de la pareja. Cada persona carga su propia parte de culpa o de frustración, aunque no debería sentirla así, y eso hace que a veces uno esté con más ganas de continuar el tratamiento mientras el otro necesita parar o tiene dudas. Ninguna de las dos posturas es incorrecta: lo importante es hablarlo abiertamente en lugar de guardárselo, porque el silencio suele pesar mucho más que la propia dificultad para concebir.

Cuando una pareja decide formar una familia, esa decisión es de los dos, y por eso el proceso de fecundación artificial también debería vivirse de forma compartida, con la misma implicación emocional en las citas médicas, en las esperas y en los resultados, sean estos los que sean. Cuidar la relación durante el tratamiento no es un lujo añadido: es parte del proceso, tan importante como cualquier revisión médica.

Sexo después de la fecundación artificial: qué dice la evidencia

Una vez realizada la transferencia del embrión o la inseminación, en general se pueden mantener relaciones sexuales con total normalidad, salvo que el equipo médico indique lo contrario por un motivo concreto, como riesgo de sangrado o de aborto. Tener sexo no va a afectar al proceso ni al futuro embarazo si este se produce. Aun así, es habitual sentir miedo, sobre todo después de un proceso largo y costoso, y ese miedo merece ser hablado en pareja y, si hace falta, con un profesional.

Según la Sociedad Española de Fertilidad, la edad, el estilo de vida y otros factores médicos influyen en las probabilidades de concebir, pero ningún dato sustituye la valoración individual de cada especialista. Cada pareja vive el proceso de fecundación artificial a su manera, y no hay una única forma correcta de sentirlo ni de afrontarlo.

Formar una familia puede ser un proceso largo y duro, pero también puede vivirse con ilusión si cuidamos el vínculo mientras dura. No hace falta renunciar al placer ni a la intimidad por el camino: se puede adornar cada encuentro, aunque toque, y sostener el deseo aun cuando el objetivo inmediato sea muy concreto. Al final, cuidar el sexo durante la fecundación artificial es también cuidar la pareja que va a recibir a ese bebé cuando llegue.

¿La fecundación artificial está afectando a tu pareja?

Si el proceso os está pasando factura a nivel sexual o emocional, en terapia podemos trabajar juntos para que el deseo y la intimidad no se queden por el camino.

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