Sexualidad Sexo anal: cómo practicarlo bien, con seguridad y sin tabúes

Sexo anal: cómo practicarlo bien, con seguridad y sin tabúes

Sexo anal: cómo practicarlo bien, con seguridad y sin tabúes

El sexo anal es probablemente uno de los mayores tabúes de nuestra cultura. Arrastra siglos de prejuicios: lo consideran pecado algunas religiones, en los hombres se asocia erróneamente a la homosexualidad y en las mujeres a la sumisión. Pero, despojado de todos esos mitos, no es más que una práctica sexual entre muchas otras, que algunas personas disfrutan y otras no, con total independencia de su orientación.

Lo importante no es si «hay que» practicarlo (no hay que hacer absolutamente nada que no apetezca), sino que, si sientes curiosidad, sepas hacerlo de forma segura y placentera. Porque es una zona muy sensible y eso juega a favor del placer, pero también puede provocar dolor o lesiones si no se hace con cuidado. Vamos a verlo.

Por qué el sexo anal sigue siendo un tabú

La asociación del sexo anal con la homosexualidad masculina no tiene fundamento: hay hombres homosexuales que no lo practican y hombres heterosexuales que sí. Y en el caso de las mujeres, esa imagen de sumisión (la postura a cuatro patas, sin control sobre el propio cuerpo) es solo una de muchas posibilidades, no la norma. Como cualquier práctica, puede vivirse de muchas maneras, y la clave está en el acuerdo y el disfrute mutuos.

Conviene saber por qué puede resultar tan placentero: en los hombres, esta zona está muy cerca de la próstata; en las mujeres, de la parte interna del clítoris. Además, las paredes internas del ano son muy finas y, por tanto, muy receptivas a las caricias. Esa misma sensibilidad es la que hace que, mal practicado, pueda resultar molesto o doloroso.

Higiene: el primer requisito del sexo anal

Al ser la zona por la que el cuerpo expulsa los desechos, la higiene es absolutamente prioritaria. La zona debe estar limpia, y hay que lavarse muy bien las manos o cualquier parte del cuerpo que haya estado en contacto con ella.

Regla de oro con el preservativo: si pasas de la penetración vaginal a la anal, o al revés, cambia siempre de preservativo. Y no lo reutilices nunca, aunque sea en distintas zonas de la misma persona. Así evitas que las bacterias de la zona anal lleguen a la vagina o a la boca y provoquen infecciones (incluidas las de orina).

Preservativo y lubricante: imprescindibles en el sexo anal

El preservativo es obligatorio por dos motivos. El primero, de salud: al ser una pared tan fina, pueden producirse pequeñas heridas por las que se transmita una infección o cualquier microorganismo. El segundo, la lubricación: a diferencia de la vagina, el ano no tiene lubricación natural.

Por eso, aunque el preservativo venga lubricado, conviene usar además un lubricante externo. Existen lubricantes específicos para sexo anal, a base de silicona y más espesos: no se diluyen con la fricción, así que la relación puede durar más sin necesidad de parar a reaplicar y sin que el roce continuo acabe resultando doloroso. Y recuerda que la penetración no tiene por qué ser con el pene: puede hacerse con los dedos o con un juguete.

Cómo iniciarse en el sexo anal paso a paso

Si te estás iniciando, la palabra clave es calma. Nunca, jamás, empezar directamente con una penetración: para alguien que no se lo había planteado o que lo vive como algo prohibido, puede resultar incluso traumático. Estos son los pasos:

  • Habladlo antes. Tiene que ser algo acordado y deseado por ambas partes.
  • Empezad con mucha excitación previa. No ir directamente a la zona anal, sino llegar a ella con todo el cuerpo ya excitado y preparado para recibir ese tipo de caricias.
  • Respetad los ritmos, los tiempos y la intensidad. Nada de «aquí te pillo, aquí te mato»: esto se toma con calma.
  • Empezad por algo pequeño, como un dedo (siempre limpio y con las uñas cortas, porque una uña larga puede provocar un desgarro en esa pared tan fina y, con él, riesgo de sangrado e infección).

Las posturas: más allá del cuatro patas

La postura a cuatro patas deja muy poco control a quien recibe la penetración. Pero hay alternativas que permiten controlar mejor la profundidad y el ritmo y que, además, acercan los cuerpos y crean más conexión.

Si quien recibe se coloca encima, controla el ritmo, los tiempos y la profundidad, igual que en la penetración vaginal. Y posturas como la cucharita son ideales para empezar: casi todo el cuerpo está en contacto, las manos quedan libres para acariciar y la boca está cerca de la pareja, lo que facilita ir preguntando si todo va bien y al ritmo adecuado.

La comunicación, más importante que nunca

En cualquier relación la comunicación es clave, pero en el sexo anal lo es todavía más. Las sensaciones son muy intensas (a veces tanto que se confunde el dolor con el placer, e incluso pueden producir una leve sensación de mareo), y al ser una zona tan sensible es fácil hacer daño sin querer.

Por eso ambas personas deben estar muy atentas: quien recibe, para poder decir «para», «baja la intensidad» o «no tengo claro si me gusta»; y quien penetra, para preguntar y respetar esas señales. Que alguien pida parar no significa que no se vaya a repetir, sino que hay que tomarlo con más calma.

Juguetes para sexo anal: la importancia del tope

Los juguetes son una buena forma de iniciarse. Los plugs anales están diseñados específicamente para ello: suelen tener forma cónica o progresiva, y sobre todo cuentan con un detalle imprescindible, un tope en la base.

Por qué el tope es innegociable: la musculatura anal no es tan flexible como la vaginal ni puede expulsar por sí misma lo que tiene dentro. Sin un tope, un objeto puede hacer succión, quedarse dentro y obligar a acudir a urgencias. Por eso, más allá de los dedos, el pene, la lengua o juguetes específicos con tope, no debe introducirse nada. Nada de botellas, frutas ni hortalizas: además de la incomodidad y el dolor, el riesgo de infección es serio.

El sexo bucoanal y otras prácticas

Otra opción es el sexo bucoanal, que consiste en estimular con la lengua la zona externa y la entrada del ano. Aquí, de nuevo, la higiene es fundamental. Si el olor no resulta agradable, no pasa nada por proponer empezar con una ducha juntos: forma parte de la comunicación sana.

En definitiva, el sexo anal puede ser una experiencia maravillosa y muy intensa, o bastante desagradable, según cómo se haga. La diferencia está en la higiene, el preservativo, el lubricante, la comunicación y el respeto por los ritmos de cada persona. Y, por encima de todo, en que sea algo deseado: pruébalo solo si te apetece, y si lo pruebas y no te gusta, no pasa nada. Las posibilidades del placer son infinitas.

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