Educación afectivo-sexual Juguetes sexuales: guía completa para elegir, usar y cuidarlos bien

Juguetes sexuales: guía completa para elegir, usar y cuidarlos bien

Juguetes sexuales: guía completa para elegir, usar y cuidarlos bien

Los juguetes sexuales han dejado de ser un tabú para convertirse en una parte natural de la vida sexual de muchas personas. Entrar hoy a un sex shop es como entrar a una tienda de chuches: colores, formas, texturas y funciones para todos los gustos y todos los presupuestos. Pero con tanta oferta es fácil no saber por dónde empezar, elegir mal y llevarse una experiencia que no invita a repetir. Hoy hacemos un repaso completo: qué tipos existen, cómo elegir el adecuado, cómo usarlos y cómo cuidarlos.

Una historia de juguetes sexuales más larga de lo que imaginas

Los juguetes sexuales no son un invento moderno. Ya en la prehistoria encontramos objetos de mármol, piedra y madera con formas fálicas que los historiadores apuntan como los primeros artefactos de este tipo. En la Antigua Grecia ya se hablaba de ellos como juguetes, fabricados con cuero relleno de lana prensada y lubricados con aceite de oliva. Los griegos ya usaban lubricante.

A principios del siglo XX se inventa el primer vibrador, que se comercializó no como juguete sexual sino como artefacto terapéutico para aliviar los síntomas de la histeria femenina: básicamente un estimulador clitoriano. Y ya en la segunda mitad del siglo XX, especialmente en los últimos 15-20 años, la industria ha experimentado una transformación radical: materiales seguros, diseños elegantes, funciones avanzadas y precios para todos los bolsillos.

Por qué se llamaban «consoladores» y por qué ese nombre ha desaparecido

Durante décadas, los penetradores vaginales con forma fálica se conocieron popularmente como consoladores. El nombre no era neutral: cargaba con la idea de que estos objetos eran un sustituto del hombre, algo a lo que recurría una mujer sola o insatisfecha para «consolarse» de la ausencia de pareja. El término implicaba carencia, resignación y, en el fondo, cierta vergüenza.

Esa concepción era profundamente equivocada y bastante machista. Presuponía que el único fin de la sexualidad femenina era la penetración con un pene, y que cualquier otra forma de satisfacción era un segundo plato. Ignoraba por completo el placer clitoriano, la masturbación como práctica sana y legítima, y la posibilidad de usar estos objetos en pareja como parte del juego sexual.

Hoy el término «consolador» ha caído prácticamente en desuso, sustituido por palabras como vibrador, estimulador o penetrador, que describen la función sin cargar con ese peso cultural. Es un cambio de vocabulario pequeño pero significativo: refleja una evolución en cómo entendemos la sexualidad femenina, el placer y la autonomía de las mujeres sobre su propio cuerpo.

Ya en la prehistoria encontramos objetos de mármol, piedra y madera con formas fálicas que los historiadores apuntan como los primeros artefactos de este tipo. En la Antigua Grecia ya se hablaba de ellos como juguetes, fabricados con cuero relleno de lana prensada y lubricados con aceite de oliva. Los griegos ya usaban lubricante.

Materiales: por qué importa en qué están hechos los juguetes sexuales

La mayoría de los juguetes sexuales modernos están fabricados con silicona médica, el mismo material que se usa en cirugía y en consultas médicas. Esto significa que son seguros, hipoalergénicos y muy poco probables de causar reacciones o infecciones si se mantienen limpios.

Dentro de la silicona hay dos texturas principales: la de tacto seda (muy suave, similar a la piel humana) y la de tipo gel o blandiblu (más blanda y flexible). Ninguna es mejor que la otra, depende de la preferencia de cada persona. Lo importante es que todos los juguetes que se usen para la penetración, vaginal o anal, se usen siempre con lubricante, aunque el material sea suave, para evitar molestias o pequeñas heridas.

Tipos de juguetes sexuales: las cuatro grandes categorías

Estimuladores vaginales

Los más clásicos son los penetradores o vibradores de penetración. Los modernos ya no siempre tienen forma fálica realista: los hay curvados, de colores, de diferentes tamaños y con formas diseñadas para estimular las paredes internas de la vagina. Muchos incorporan vibración, rotación o ambas funciones a la vez, y algunos llevan un segundo brazo externo para estimular el clítoris simultáneamente (los llamados «conejos» o «rabbits»), consiguiendo así la estimulación interna y externa al mismo tiempo.

Muchos se venden como «estimuladores del punto G», aunque la evidencia científica sobre la existencia del punto G como tal es débil. Lo que sí está claro es que esa zona rugosa de la pared vaginal interior estimula indirectamente el clítoris, así que el efecto es real aunque la explicación popular sea imprecisa. Para quien nunca ha usado un vibrador de penetración, lo ideal es empezar por un tamaño medio y con poca intensidad, e ir aumentando según la comodidad.

Estimuladores clitorianos

Son los juguetes sexuales más populares entre las mujeres en la actualidad, y con razón: el clítoris es el principal órgano del placer femenino y durante décadas fue ignorado por la industria. Los hay de varios tipos: de vibración directa sobre el clítoris o sus zonas adyacentes, de succión con pulsaciones de aire (los más conocidos son los de tipo Satisfyer, aunque hay decenas de marcas que fabrican modelos similares) y de estimulación por ondas de presión.

El succionador no hace el vacío como la boca: emite pequeñas pulsaciones de aire que estimulan el clítoris de forma muy eficaz sin contacto directo, lo que lo hace especialmente adecuado para personas con mucha sensibilidad. Muchos modelos son compatibles con el agua, lo que amplía las posibilidades de uso en la ducha o el baño.

Para quien use un estimulador clitoriano por primera vez: mejor empezar con la intensidad más baja. Las sensaciones pueden ser muy intensas y, sin experiencia previa, puede resultar incluso molesto. Hay que ir de menos a más, dejando que el cuerpo se acostumbre antes de subir la intensidad.

Juguetes sexuales anales

Existen en diferentes formas y tamaños: bolitas anales (varias esferas encadenadas que se introducen progresivamente), plugs o tapones (que se usan durante las relaciones para añadir estimulación extra) y penetradores anales de distintos grosores. La norma más importante con cualquier juguete anal es que lleve un tope en la base sin excepción. El ano, a diferencia de la vagina, puede hacer succión y no tiene la elasticidad natural para expulsar objetos por sí mismo. Sin ese tope, un objeto puede quedar dentro y requerir atención médica para extraerlo.

En el caso de los hombres, los juguetes anales estimulan la próstata, que es el equivalente al punto G masculino y una fuente de placer muy intensa. En las mujeres, estimulan la parte interna del clítoris desde atrás, produciendo un tipo de estimulación muy diferente a la vaginal. Y siempre, siempre, con abundante lubricante: el ano no tiene lubricación natural y la fricción sin lubricación puede causar pequeñas heridas e infecciones.

Estimuladores de pene

Existen masturbadores en forma de vagina o de boca, masturbadores con texturas internas (estrías, bolitas, relieves) que intensifican las sensaciones, y versiones avanzadas con vibración o pulsaciones sincronizadas. Los llamados «huevos» son masturbadores de silicona suave y elástica con texturas internas, muy económicos y discretos, perfectos para empezar.

También existen los anillos vibradores, que se colocan en la base del pene y estimulan simultáneamente a ambas personas durante la penetración: él siente la vibración en el pene y ella recibe estimulación clitoriana al mismo tiempo. Son uno de los juguetes más recomendables para parejas que quieren empezar a explorar, porque no requieren preparación, son muy asequibles y se encuentran incluso en grandes superficies. Y en el extremo más avanzado de la gama, hay masturbadores que se controlan por aplicación móvil y pueden sincronizarse con música o con otro dispositivo de la pareja a distancia.

Para empezar: si nunca has usado juguetes sexuales, no te vayas a lo más potente o más grande que haya. Empieza por algo pequeño y básico: un mini vibrador de dedo, un succionador de intensidad baja o un penetrador de tamaño medio. Con los juguetes, como con casi todo, menos es más al principio. Puedes ampliar información sobre sus beneficios para la salud íntima en este artículo de Quirón Salud.

Juguetes sexuales en pareja: sumar, no sustituir

Uno de los miedos más frecuentes es que usar juguetes con la pareja implique que «algo falla» o que uno no es suficiente para el otro. Nada más lejos de la realidad. Un juguete en pareja es un elemento más del juego, igual que los aceites de masaje o cualquier otro accesorio. No sustituye el placer que da la otra persona: lo amplía.

Pueden usarse para explorar zonas que de otra forma quedan sin atención, para añadir estimulación extra durante la penetración o simplemente para probar algo nuevo y romper la rutina. Y se pueden usar en cualquier momento de la relación sexual, no solo como sustituto cuando se está solo.

Los lubricantes: el complemento imprescindible

Los lubricantes no son solo para cuando hay sequedad. Son un complemento del juego sexual que puede aportar sensaciones nuevas y muy placenteras. Los hay básicos (solo hidratación), con sabores, comestibles, de efecto frío o calor, y los más novedosos: los lubricantes vibradores, que producen una sensación de cosquilleo similar a tomar petacetas. No, no uses petacetas reales: hay lubricantes específicos para esto, fabricados con ingredientes seguros para las mucosas.

El lubricante es imprescindible en el sexo anal (el ano no lubrica de forma natural) y muy recomendable con cualquier juguete de penetración. Úsalo siempre que lo necesites y también cuando no lo necesites: simplemente hace todo más agradable.

Limpieza y mantenimiento de los juguetes sexuales

Es tan importante como elegirlos bien. La mayoría se limpian perfectamente con agua tibia y jabón neutro después de cada uso. También hay productos específicos de limpieza para juguetes. Lo que no es opcional:

  • Guardarlos en su funda o caja para que no cojan polvo entre uso y uso.
  • No usar el mismo juguete en el ano y en la vagina sin lavarlo antes, igual que no se haría con el pene o con los dedos sin higienizarlos primero.
  • Revisar el estado del juguete antes de usarlo: si tiene grietas o deterioro en el material, mejor reemplazarlo.

Dónde comprar juguetes sexuales y qué presupuesto necesitas

La oferta es enorme y los precios van desde los 5 euros de un vibrador básico en AliExpress o en grandes superficies hasta los ciento y pico euros de vibradores de diseño que se controlan por móvil y se sincronizan con música. No hace falta invertir mucho para empezar, y los productos económicos son perfectamente seguros si tienen el sello de la Unión Europea.

Para quien empieza, la recomendación es ir a un sex shop físico: los asesores pueden orientar sobre qué tipo de estimulación busca cada persona, qué tamaño es el adecuado y qué materiales encajan mejor. Es exactamente el mismo servicio que en cualquier otra tienda especializada. Si prefieres comprar online, muchos sex shops tienen chat de asesoría. Y el embalaje llega siempre discreto: nada en el exterior indica el contenido.

Más allá de los juguetes sexuales: dados, juegos de mesa y accesorios

No todo tiene que ser un vibrador o un penetrador. Los dados eróticos son uno de los accesorios más económicos y efectivos para romper la rutina: se pueden encontrar desde 3 o 4 euros y combinan acciones, partes del cuerpo y lugares de la casa de forma aleatoria. Son perfectos para parejas que sienten que siempre hacen lo mismo y no saben cómo cambiar la dinámica.

También existen juegos de mesa y de cartas diseñados para parejas, con preguntas sobre fantasías y deseos, retos, situaciones de role play o simplemente conversaciones que normalmente no surgen solas. Son una forma muy efectiva de conocerse mejor, de descubrir qué le apetece a la otra persona y de abrir conversaciones que pueden llevar a explorar cosas nuevas juntos.

Los accesorios de BDSM básico (vendas para los ojos, esposas suaves, plumas) son también opciones muy accesibles que no requieren ninguna experiencia previa y que pueden añadir un elemento de juego y sorpresa a la rutina sexual. Como con todo, la clave es que sea algo acordado y deseado por las dos personas.

Sin vergüenza: los juguetes sexuales son herramientas de placer y autoconocimiento. Usarlos no dice nada malo de ti ni de tu relación. Dice que te tomas en serio disfrutar, que es exactamente lo que hay que hacer.

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