Educación afectivo-sexual Prácticas sexuales de riesgo de moda entre adolescentes: guía para familias

Prácticas sexuales de riesgo de moda entre adolescentes: guía para familias

Prácticas sexuales de riesgo de moda entre adolescentes: guía para familias

Las prácticas sexuales de riesgo que circulan entre la población joven y adolescente son cada vez más numerosas y, muchas veces, llegan a chicos y chicas que aún no tienen la madurez ni la información para entender a qué se exponen. Este artículo no busca alarmar por alarmar, sino lo contrario: poner nombre a estas conductas para que las familias, los educadores y los propios jóvenes sepan reconocerlas, entender sus peligros y, sobre todo, prevenirlas.

Porque casi todas tienen un denominador común: se ponen «de moda» a través de las redes y se presentan como algo moderno, transgresor o divertido, cuando en realidad esconden riesgos físicos y psicológicos muy serios. Vamos a dividirlas en dos grandes grupos: las que tienen que ver con internet y las nuevas tecnologías, y las que son prácticas físicas.

Qué son las prácticas sexuales de riesgo y por qué preocupan

Cuando hablamos de prácticas sexuales de riesgo nos referimos a conductas que, por cómo o con quién se realizan, exponen a la persona a un peligro para su salud física, su seguridad o su bienestar emocional. No se trata de señalar prácticas concretas como «malas» en sí mismas: muchas de ellas, entre personas adultas, informadas y que consienten libremente, no tendrían por qué ser problemáticas.

El riesgo aparece cuando entran en juego la falta de información, la presión del grupo, la ausencia de protección, el consumo de sustancias o, muy especialmente, la edad de quienes participan. Y aquí está la clave que recorre todo este artículo: muchas de estas modas se difunden entre adolescentes que las imitan sin comprender las consecuencias, simplemente por encajar o por «estar en la onda». Por eso la prevención no consiste en prohibir, sino en informar bien.

Prácticas sexuales de riesgo en el entorno digital

El primer grupo tiene que ver con las redes sociales, internet y los dispositivos. Aquí el peligro no siempre está en la práctica en sí, sino en la pérdida de control sobre lo que compartimos.

Sexting y sextorsión

El sexting consiste en compartir fotos o vídeos de carácter sexual o desnudos. En sí mismo no es una mala práctica: entre una pareja adulta y consolidada, con confianza, puede ser una forma más de intimidad. El problema es que, en cuanto ese contenido sale de nuestras manos, deja de ser privado. A partir de ahí puede derivar en sextorsión, que ya es un delito: chantajear a alguien con difundir ese material para obligarle a hacer algo.

Conviene desmontar un mito: las aplicaciones que prometen fotos que «solo se ven una vez» no son ninguna garantía. En esos segundos en que la imagen está en pantalla, la otra persona puede hacer una captura y difundirla. La regla es sencilla: no compartas nunca nada que no quieras que pueda llegar a ser público, y mucho menos con alguien a quien apenas conoces.

Grooming

El grooming es una de las prácticas sexuales de riesgo más graves para los menores. Consiste en que una persona adulta crea un perfil falso, normalmente haciéndose pasar por un adolescente, y se gana poco a poco la confianza de un chico o una chica a través de las redes.

Una vez lograda esa confianza, intentará que le envíe contenido sexual o forzar un encuentro físico. Detrás no hay un igual con quien socializar de forma sana, sino un adulto con intenciones de chantaje o abuso, que juega precisamente con el miedo de la víctima para arrastrarla a dinámicas a las que no quiere acceder.

Cruising

El cruising consiste en quedar con desconocidos a través de aplicaciones para mantener relaciones sexuales en lugares públicos. Es un punto intermedio entre el mundo digital y el físico, y suma varios riesgos a la vez: los propios de mantener relaciones con personas de las que no conocemos su historial ni su estado de salud, y los de hacerlo en un espacio público donde no hay privacidad.

En parques, aparcamientos o playas existe la posibilidad de ser grabados, fotografiados o chantajeados. Además, nunca se sabe si aparecerá solo esa persona o varias más, lo que multiplica las variables que no controlamos.

Prácticas sexuales de riesgo físicas

El segundo grupo no depende de la tecnología, sino que son prácticas físicas directas, también difundidas y normalizadas a través de las redes y la pornografía.

Chemsex

El chemsex está muy extendido entre población joven, aproximadamente de 17 a 25 años, y consiste en el consumo de drogas para mantener relaciones sexuales durante periodos muy prolongados. El Ministerio de Sanidad alerta de su creciente prevalencia entre jóvenes. Se vende como algo «cool», pero acumula riesgos gravísimos.

Por un lado, el consumo de sustancias puede provocar adicción, daños cerebrales, coma o incluso la muerte. Por otro, bajo sus efectos se pierde por completo el control: no se usa protección, no se es consciente de con quién se mantienen relaciones y, fisiológicamente, tantas horas de actividad pueden producir desgarros, irritaciones e infecciones que después, debido a la amnesia que provocan algunas drogas, ni siquiera se sabe de dónde vienen.

Retos virales que llegan a menores

Este es, quizá, el punto más preocupante de todos. Algunos retos de carácter sexual se viralizan en redes como TikTok y están llegando a chicos y chicas muy jóvenes, con casos detectados por los propios servicios de pediatría en menores de 12 y 13 años.

Sin entrar en descripciones, lo importante que las familias deben saber es esto: se trata de prácticas grupales, sin protección y sin información, que se están dando a edades en las que no existe ni la madurez ni la capacidad real de consentir. Las consecuencias son serias: embarazos no deseados, transmisión de infecciones, lesiones y un enorme impacto emocional. No hablamos de «decisiones libres», sino de menores arrastrados por la presión de grupo.

Prácticas grupales y extracción de fluidos

Entre las prácticas que se imitan directamente de la pornografía están las relaciones grupales de una persona con varias a la vez. Aunque se realicen entre adultos que consienten, suman el riesgo de la ausencia de preservativo y el de quedar en una posición de gran vulnerabilidad.

Si en algún momento se quiere parar, las posibilidades de hacerlo frente a varias personas son escasas. Y existen prácticas aún más arriesgadas desde el punto de vista sanitario, como la extracción de semen tras la eyaculación (conocida como felching), que implica un riesgo elevadísimo de transmisión de infecciones y de lesiones.

El matiz que lo cambia todo: la libertad sexual no consiste en hacer todo lo que imponen una moda, la pornografía o una red social. La verdadera libertad es decidir qué quieres y qué no quieres hacer con tu cuerpo, con información y sin presión. «Puedo hacer lo que quiera» no es lo mismo que «decido libremente lo que quiero hacer».

El hilo común: separar la sexualidad de la afectividad

Todas estas prácticas sexuales de riesgo, tanto las digitales como las físicas, comparten algo: desligan por completo la sexualidad de la afectividad. Y más allá de los riesgos físicos (infecciones, lesiones, embarazos no deseados), eso conlleva un riesgo psicológico importante.

Sentimientos de culpa, de humillación, de arrepentimiento, de despersonalización, ese «no sé por qué lo he hecho» con el que después es muy difícil lidiar, sobre todo en una persona joven que aún está construyendo su identidad y su autoestima.

El problema de fondo no suele ser tener poca información, sino tener mucha información de mala calidad. Los adolescentes acceden a infinidad de contenidos, pero pocos proceden de fuentes fiables. Y cuando en casa no se habla de sexualidad sana, los modelos que acaban interiorizando son los que ven en la pornografía o en las redes.

Señales de alerta para padres y madres

Identificar a tiempo las prácticas sexuales de riesgo en los adolescentes no siempre es fácil. No hay una fórmula infalible, pero sí algunas señales que invitan a estar atentos sin caer en la sospecha constante.

Conviene prestar atención si aparecen comportamientos que se salen claramente de lo habitual, o si empieza a relacionarse con un grupo nuevo que no conoces y con el que no comparte un vínculo claro. Que cambie de amistades es normal y sano; lo que merece atención es cuando deja de contar con quién sale o cuando frecuenta compañías de las que no se sabe nada. Pero la mejor herramienta de detección no es vigilar, sino hablar.

La prevención: educación afectivo-sexual desde casa

La conclusión sobre las prácticas sexuales de riesgo es clara y va dirigida tanto a los más jóvenes como a las familias. A los adolescentes: pensad antes de dar vuestro consentimiento y antes de participar en cualquier práctica solo porque esté de moda. Que no sea una tendencia de TikTok la que marque cómo van a ser vuestras relaciones.

A los padres, madres y educadores: hablad con vuestros hijos, y hacedlo de forma adaptada a los tiempos que corren. Trabajar en casa la autoestima, el consentimiento y el respeto al propio cuerpo es la mejor protección posible. Ocultar a un menor que estas prácticas existen no le protege; al contrario, le deja construir esa información por otras vías mucho menos fiables.

Una persona adulta es libre de decidir sobre su sexualidad, pero el problema con las prácticas sexuales de riesgo que aquí describimos es que llegan antes de que exista esa madurez. La educación afectivo-sexual no adelanta nada ni «da ideas»: da herramientas para decidir mejor y protegerse.

¿Quieres hablar de sexualidad con tus hijos pero no sabes cómo?

El Programa Hablemos Claro te da las herramientas para abordar la educación afectivo-sexual en casa con naturalidad, rigor y sin tabúes, y proteger a los adolescentes de tu vida frente a los riesgos que encuentran en internet y en las redes.

Conoce Hablemos Claro

Related Post

Pila de libros en tonos púrpura, rosa y magenta con pétalos de rosa y vela encendida sobre fondo lavanda - concepto de literatura erótica

Literatura erótica y educativa sobre sexualidad: guía de libros para todas las edadesLiteratura erótica y educativa sobre sexualidad: guía de libros para todas las edades

La literatura erótica y los libros sobre sexualidad son herramientas poderosas para aprender y disfrutar a cualquier edad. Descubre los mejores títulos para niños desde los 3 años, adolescentes y