Vaginismo y dispareunia: por qué duele la penetración y cómo solucionarlo
El vaginismo y la dispareunia son dos problemas sexuales que muchas veces se confunden, pero no son lo mismo: tienen causas distintas y tratamientos distintos. Ambos comparten un punto en común que provoca mucho silencio y mucha vergüenza: el dolor o la imposibilidad de la penetración. Y precisamente por esa vergüenza, miles de mujeres conviven con ellos sin pedir ayuda, creyendo que el problema es suyo o que no tiene solución.
Spoiler: sí tiene solución, y en la gran mayoría de los casos remite por completo. Hoy vamos a explicar qué es cada cosa, por qué aparece y cómo se trata, sin tabúes y con información clara.
Qué es el vaginismo y en qué se diferencia de la dispareunia
Aunque se suelan mezclar, conviene distinguirlos bien:
- Dispareunia: es el dolor en la zona vaginal durante o después de la penetración. Puede ir desde una simple molestia hasta pinchazos o un dolor realmente intenso.
- Vaginismo: es una contractura involuntaria de la musculatura vaginal que no permite la penetración. No se elige ni se controla: el cuerpo, sencillamente, se cierra.
Un dato que sorprende: la prevalencia conocida del vaginismo en España ronda el 12 por ciento. Y la palabra clave es «conocida», porque muchas mujeres no lo comunican por vergüenza ni acuden a su centro de salud, a ginecología o a psicología. La cifra real es, con casi total seguridad, mucho mayor.
Los grados del vaginismo
El vaginismo es involuntario y tiene diferentes grados. En algunos casos solo se manifiesta durante la penetración vaginal, mientras que en los más severos puede impedir incluso ponerse un tampón o que el ginecólogo introduzca el espéculo para una revisión rutinaria. El caso más extremo es aquel en el que no puede introducirse ni siquiera un dedo meñique.
Esto último no es un detalle menor: cuando la apertura está tan contraída que no admite un tampón, además del dolor pueden aparecer problemas de salud añadidos, como infecciones de orina o de las vías urinarias.
Por qué aparece el vaginismo: causas físicas y psicológicas
Aunque el vaginismo es físico (una contractura, como la que podemos sufrir en las cervicales), su origen puede ser muy diverso:
Causas físicas
Puede deberse a una infección, tanto de las vías urinarias como de la zona vaginal y uterina, que hace que la musculatura se contracture. O bien a una contractura muscular en la zona del suelo pélvico.
Causas psicológicas
La gran mayoría de los casos de vaginismo tienen un origen psicológico. Es muy frecuente en mujeres que han sufrido violaciones, agresiones sexuales o abuso sexual infantil, pero también, sin llegar a una agresión, en quienes han vivido una experiencia sexual traumática: por ejemplo, que la primera vez que intentaron la penetración les doliera mucho o resultara algo que no esperaban.
Nuestro cuerpo está siempre en conexión con nuestra mente, incluso con cosas que no tenemos presentes de forma consciente. Igual que el estrés laboral nos carga el cuello sin haber hecho ningún esfuerzo, un trauma ligado a lo sexual puede traducirse en una contractura en la zona más íntima. De hecho, en muchos casos vinculados a abuso sexual infantil, el vaginismo aparece más tarde, en la edad adulta y con una pareja estable, justo cuando la mujer está bien y con alguien con quien desea estar. Y entonces llega el desconcierto: «¿por qué me pasa esto ahora?».
El «miedo al miedo»: cómo el dolor alimenta el problema
Aquí entra un mecanismo que ya hemos comentado en otros trastornos de la vida sexual: el miedo al miedo. Si has sentido un dolor intenso, es fácil que se genere rechazo. Y la próxima vez que vayas a tener relaciones, no te apetezca o lo vivas con miedo, anticipando ese dolor. Tu cuerpo, entonces, se cierra todavía más.
Por eso es tan importante no dejarlo pasar. Si lo vamos posponiendo, va a más: estamos educando a nuestro cuerpo en esa contractura y a nuestro cerebro en ese miedo y esa anticipación. Cuanto antes se aborde, mejor, aunque eso no quite que el tratamiento sea largo.
¿Cuándo preocuparse? Si ocurre de forma puntual, no hay que darle más importancia: quizá ese día adoptamos una mala postura o estábamos más estresadas o cansadas. Pero si se repite de forma constante, conviene ponerse en manos de un profesional.
Tratamiento del vaginismo y la dispareunia
El abordaje depende de cuál sea el problema y su causa.
En la dispareunia
Lo fundamental es identificar la causa. Cuando es algo puntual, muchas veces está provocada por infecciones urinarias, y se corrige con el tratamiento antibiótico adecuado que paute el centro de salud, sin mayor problema.
En el vaginismo
Es un tratamiento más largo y requiere, normalmente, tres tipos de intervención que funcionan en conjunto:
- Rehabilitación del suelo pélvico: se realiza desde la fisioterapia y consiste en reeducar la musculatura para controlar ese espasmo involuntario.
- Terapia física con dilatadores vaginales: tienen distintos grosores y tamaños y van acostumbrando progresivamente a la musculatura. Se venden sin receta en farmacias y sex shops, pero son más duros que los juguetes sexuales habituales y conviene usarlos con orientación profesional previa.
- Terapia psicológica: se basa en la reeducación (perder el miedo al dolor, descubrir otras formas de placer más allá de la penetración) y en explorar los posibles traumas que haya detrás.
Es un trabajo que suele llevar varios meses, pero la cifra es muy esperanzadora: en el 90 por ciento de los casos el vaginismo remite por completo. Cuanto antes se empiece, antes llega la recuperación.
¿El vaginismo tiene que ver con la excitación?
No necesariamente. En las primeras fases puede haber excitación, e incluso muchísima, y que la contractura se produzca igualmente. Muchas mujeres que lo sufren no entienden de dónde viene: todo va bien, hay deseo, les gusta su pareja y, de repente, el cuerpo se cierra.
Lo que sí ocurre es que, con el tiempo, el miedo y la frustración hacen que sea más difícil que aparezcan el deseo y la excitación, porque ya entras con el pensamiento de «me va a doler, no voy a poder». Y ese círculo es el que hay que romper.
Romper con la culpa
El vaginismo se conoce desde hace muchísimos años (ya Freud hablaba de él), pero durante mucho tiempo se culpó injustamente a la mujer, como si lo sufriera por no querer disfrutar de las relaciones. Nada más lejos de la realidad: es un problema involuntario, físico y, muy a menudo, ligado a experiencias dolorosas.
Tampoco es exclusivo de las mujeres heterosexuales. Mujeres lesbianas también pueden experimentar vaginismo ante la penetración, ya sea manual o con algún juguete. Por eso, dar visibilidad y hablar de ello sin vergüenza es el primer paso para que quien lo sufre sepa que no está sola y que tiene solución.
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No estás sola y no es culpa tuya. Desde Sexoluciones te acompaño con terapia sexual para abordar el vaginismo y la dispareunia desde un enfoque profesional, cercano y sin juicios. Recuperar el placer y el bienestar es posible.
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